21 mar 2017

PALAU GÜELL I CAN CULLERETES

Iniciamos nueva Presidencia con lo prometido el día de la toma de posesión, este año vamos a visitar nuestra ciudad, aquellos rincones que desconocemos o, aquellos que hace años que no hemos vuelto.


Este segundo almuerzo, coincidiendo con el inicio de la primavera, nos dedicamos a pasear por el barrio del Raval.
El encuentro fue a las 9’30h frente la puerta de Correos de Via Laietana con nuestra guía oficial, Sonia Viver que nos explicó con toda clase de detalles la apertura de la Via Layetana, el monumento a Antonio López, su vida y la vinculación del mismo con la familia Güell. A continuación se realizamos un paseo hacia el Palau Güell en Nou de la Rambla. Visita aprox 1’30-2’00h, al finalizar subimos hacia la plaza Real siguiendo con las explicaciones de la guía, terminando para tomar una cerveza. Después nos dirigimos para un magnífico almuerzo en el restaurante Can Culleretes (c/Quintana 5)  

VIA LAIETANA
Fue diseñada inicialmente por Ildefonso Cerdá en 1859 para enlazar de forma directa el nuevo barrio del Ensanche, que se perfilaba dentro del plan Cerdá con el puerto, vía de comunicación principal en el siglo XIX. Pero el Plan Cerdá se centró en el crecimiento fuera de las murallas y no fue hasta en 1899 que se volvió a impulsar con la aprobación del Plan de Reforma Interior de Àngel Baixeras.
La entrada política de la Lliga Regionalista de Francesc Cambó, la demanda de comunicación de la burguesía instalada en el Ensanche y la preocupación por controlar los alborotadores dentro de una red densa de calles, hizo recuperar el proyecto y en 1907 se acordó el financiamiento con el Banco Hispano Colonial, predecesor del Banco Central, que se hizo construir el primer edificio de la nueva vía, obra de Enric Sagnier quien también tomó parte activa en el desarrollo de la obra como arquitecto representante del banco financiero.
Las obras fueron inauguradas por el rey Alfonso XIII y el presidente Antonio Maura el 10 de marzo de 1908. La construcción se dividió en tres tramos:
·         1908-1909 Entre el puerto y la plaza del Ángel, a cargo de Lluís Domènech i Montaner.
·         1909-1911 Entre la plaza del Ángel y la calle Sant Pere Més Baix, a cargo de Josep Puig i Cadafalch.
·         1911-1913 Entre Sant Pere Més Baix y la plaza Urquinaona, a cargo de Ferran Romeu. La porción que va desde la plaza Urquinaona hasta la calle Jonqueres, ya existía con el trazado actual y con el nombre de Bilbao.
El derribo supuso abrir una brecha de 80 metros de ancho y unos 900 de largo. Esta reforma comportó la destrucción de 2199 casas y muchos palacios medievales, afectando a unas diez mil personas. A pesar de las protestas de los vecinos, de artistas y personajes como el arquitecto y conservador Jeroni Martorell, se perdieron lugares como el palacio del marqués de Monistrol, el palacio del marqués de Sentmenat (del cual Martorell salvó una vidriera que hizo servir en la restauración de la Casa de los canónigos) o los conventos de San Sebastián y el de San Juan de Jerusalén que guardaba la tumba de Pau Claris. Algunos, sin embargo, se salvaron al ser trasladados a otro lugar, este es el caso de la Casa Padellás del siglo XV-XVI, ubicada originalmente en la calle Mercaders a la altura de donde se encuentra el edificio del Fomento del Trabajo Nacional y que fue trasladada en 1931 a la plaza del Rey, donde actualmente aloja el Museo de Historia de Barcelona.
Otro ejemplo de edificio rescatado fue la fachada barroca de la iglesia de Santa Marta, obra de 1737-1747, proyectada por Miquel Bover y esculpida por Carles Grau. Estaba situada en la riera de Sant Joan y Lluís Domènech i Montaner la desmontó y reubicó en uno de los pabellones del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo que estaba construyendo en 1911.

Por otro lado la obra tuvo algunos efectos secundarios positivos. El derribo hizo visible y valorable el patrimonio arquitectónico de las murallas romanas y de los edificios góticos que rodean la plaza del Rey y llegan hasta la catedral. La esponjosidad posterior de la plaza de la Catedral y Santa Catalina debido a la destrucción por los bombardeos de la guerra civil, han acabado de dar la fisonomía del barrio gótico. Otra ventaja aprovechada fue la construcción soterrada de los túneles para hacer pasar el metro, iniciativa impulsada por el arquitecto municipal Pere Falqués con la oposición de los políticos, y que tendría sus frutos cuando fue inaugurado en 1926.
La nueva vía, tal como estaba previsto, supuso la creación de una nueva imagen de Barcelona. El estilo arquitectónico de la escuela de Chicago influyó en el tipo de construcción, principalmente dedicada a edificios oficiales y espacios de oficinas, ocupados mayoritariamente por empresas de logística y exportación, en el Ensanche.
Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) recibió el nombre de Vía Durruti por el dirigente anarquista Buenaventura Durruti, muerto en el frente.

La construcción de estos edificios emblemáticos en la vía Laietana, en el Paseo Isabel II y Paseo de Colón, fueron una gran pantalla para esconder la "vieja ciudad" de cara a los viajeros que llegaban a la ciudad vía marítima o con el ferrocarril.
PLAÇA ANTONIO LÓPEZ 
Antonio López y López, popularmente conocido como El Negro Domingo, es un monumento presidido por una escultura originalmente creada por Venanci Vallmitjana en cooperación con otros artistas en 1884 y dedicada al empresario. El monumento está ubicado en la plaza de Antonio López. Actualmente, la escultura que se exhibe se trata de una reproducción creada en los años 40 por Frederic Marès.
Pocos meses después de la muerte del banquero y reconocido empresario español Antonio López y López en 1883, el Ayuntamiento de Barcelona, presidido por Francisco de Paula Rius y Taulet, encargó al escultor catalán Venanci Vallmitjana i Barbany realizar un monumento para recordar su persona en la ciudad donde vivió gran parte de su vida tras hacer fortuna en Cuba. El ayuntamiento no escatimó en recursos reuniendo a algunos de los artistas escultóricos más destacados de la época para colaborar en la construcción del monumento, como Rossend Nobas, Joan Roig i Solé, Francesc Pagès i Serratosa y Lluís Puiggener, dirigidos por el prestigioso arquitecto Josep Oriol Mestres, convirtiéndose en una de las obras más representativas y mediáticas de la época en la ciudad condal.
La estatua original ubicada encima del gigantesco pedestal, fue realizada por el artista Venanci Vallmitjana i Barbany, discípulo de Damià Campeny, usando piezas de bronce procedentes de algunos barcos de la Compañía Trasatlántica Española que creó el mismo Antonio López y López en vida y fundidos en el Taller Pere Mir. Los demás artistas realizaron un relieve cada uno representando artísticamente las cuatro empresas principales de Antonio López que se adosaron a cada lado del pedestal.
Debajo de cada relieve figura una inscripción distinta, entre las cuales destacan unos versos del poeta catalán Jacinto Verdaguer y una frase del rey Alfonso XII de España elogiando su figura. Las obras empezaron el 24 de diciembre de 1883 y terminaron el 13 de septiembre de 1884, día que se inauguró con la presencia del alcalde de la ciudad Manuel Girona i Agrafel.
Durante los primeros días de la Guerra Civil Española en el año 1936, la estatua de bronce de Venanci Vallmitjana i Barbany fue destruida en su totalidad debido a la animadversión que había hacia Antonio López y López, el poder y alta sociedad que representaba y por las sospechas de que se enriqueció gracias al uso de esclavos cuando estaba en Cuba, por esa misma razón, se le conoce como El Negro Domingo.
En los años cuarenta, después de la guerra, el escultor Frederic Marès realizó una copia de piedra basándose en la maqueta original que todavía se conserva en el Museo de Historia de Barcelona.
El año 2010 los sindicatos CCOO y UGT pidieron al Ayuntamiento de Barcelona la retirada de este monumento, debido al supuesto pasado esclavista de López.
(Fuente Wikipedia)








Siguiendo por el barrio del Raval, y sus intrincadas calles nos acercamos primeramente al estudio que Pablo Picasso tuvo en la ciudad, lugar donde inició un fructífera labor que años después le llevaría a lo más alto en el mundo de las artes plásticas.
Proseguimos hasta la Plaça del Rei, lugar que a principios del siglo pasado fue elegido para ubicar la Casa Padellás del siglo XV-XVI. 
Durante el periodo 1930-1931, y debido a la apertura de la Vía Layetana, se decidió trasladarla, piedra a piedra, desde su original ubicación en la calle Mercaders hasta la plaça del Rey, donde sustituyó unas casas de menor interés arquitectónico que fueron demolidas. De esta forma se consiguió preservarla, ya que se consideraba uno de los más notables palacios góticos barceloneses
Las obras de reconstrucción de la Casa Padellàs en Plaza del Rey sacaron a la luz importantes vestigios arqueológicos de la Barcelona romana de forma que se decidió reedificar el palacio gótico sobre pilares exentos para conservarlas. Las excavaciones se prolongaron hasta el año 1935. La Guerra Civil española (1936-1939) detuvo los trabajos arqueológicos, obligando a cubrir el yacimiento por razones de seguridad.

Finalizada la guerra se adoptó la decisión, reflejada en un acuerdo municipal del 30 de abril de 1940, de convertirla en la sede del Museo de Historia de la Ciudad. El Museo fue inaugurado 3 años después, el 1 de abril de 1943, aprovechando la celebración de unas fiestas colombinas en el Salón del Tinell.
En el subsuelo de Casa Padellàs y de la adyacente Plaça del Rey se puede visitar una ámplia área arqueológica con vestigios de época romana, la antigüedad tardía y la alta edad media. Las salas de las plantas primera y segunda de la Casa Padellás acogieron, de 1943 hasta principios de los años 90 del siglo XX, las secciones dedicadas a la historia medieval y moderna del Museo de Historia de la Ciudad. Dichas salas fueron clausuradas el año 1993 y se reabrieron en 1996, para albergar exposiciones temporales, de temática relacionada con la historia de Barcelona.

Este comentario sirve para esclarecer como una plaza tan importante como la ubicada frente al Palacio Real sea tan pequeña, simplemente porqué una parte esta ocupada por el actual museo.   






Proseguimos nuestro paseo por la Barcelona medieval, hasta llegar a la calle Ferrán, donde se encuentra otro de los símbolos de la ciudad Condal, las farolas adosadas a la pared, en lugar de los tradicionales faroles, ello fue a petición de los comerciantes de la calle que querían que las aceras estuvieran limpias de obstáculos, para que los peatones circularan con la única atención hacia las tiendas. 
PALACIO GÜELL
El Palau Güell es uno de los primeros encargos importantes que recibió Gaudí al principio de su carrera. Eusebi Güell (industrial, político y mecenas) quiso que Gaudí le construyera este peculiar palacio urbano como ampliación de la casa familiar que tenía en la Rambla de Barcelona.
El Palau Güell (1886-1890) es un magnífico ejemplo de la arquitectura doméstica en el contexto del modernismo. Fue la vivienda de la familia Güell-López hasta que se trasladó al Park Güell.
Gaudí supo diseñar un palacio funcional adaptado a las necesidades de la vida privada de la familia y a la intensa vida social y cultural que iba a acoger.
El edificio destaca por su innovadora concepción del espacio y de la luz. Gaudí introdujo en el Palau Güell soluciones variadas a partir de planteamientos muy personales y creó formas expresivas excepcionales fruto de su imaginación, utilizando materiales nobles tradicionales (piedra, madera, hierro forjado, cerámica, vidrio, etc.)
Fue declarado monumento histórico-artístico por el Estado español en 1969, así como bien cultural de interés nacional, y Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1984. El edificio, como obra de juventud, contiene la esencia de la obra posterior de Gaudí y es imprescindible para entender su arquitectura.
Antoni Gaudí y Eusebi Güell
Gaudí y Güell se encuentran a finales del siglo XIX. Su relación da como fruto toda una serie de obras arquitectónicas que en la actualidad son mundialmente conocidas, entre ellas el Palau Güell, un palacio urbano en el centro de Barcelona.
Durante nuestra visita descubrimos las principales estancias del Palau Güell de los que destacamos el salón central de la planta noble, la terraza con sus chimeneas, el antiguo establo y la cochera, el despacho de Eusebi Güell y, también, nos adentramos en el ámbito más privado de los dormitorios.





EL SÓTANO
El sótano del Palau Güell antiguamente era utilizado como establo. Se accedía desde la planta baja a partir de dos accesos: una rampa suave que servía para hacer subir y bajar a los caballos, y una rampa helicoidal, muy pronunciada y pavimentada con guijarros, utilizada por las personas.
  



PLANTA BAJA
A partir de una doble entrada desde la calle, se accede a la planta baja del Palau Güell. La planta baja es un espacio que integra los servicios de portería y cochera del edificio. Concretamente, en esta planta baja se encuentra lo siguiente: la cochera donde se dejaban los carruajes; el antiguo almacén de productos agrícolas; la antigua vivienda del portero (la cual tiene una escalera de caracol que comunica directamente con el establo); una cabina especial desde la cual el portero podía observar el exterior, y una escalera de uso exclusivo del personal de servicio que comunica la planta baja con el resto de plantas del edificio.


ENTRESUELO
A partir de una doble entrada desde la calle, se accede a la planta baja del Palau Güell. La planta baja es un espacio que integra los servicios de portería y cochera del edificio. Concretamente, en esta planta baja se encuentra lo siguiente: la cochera donde se dejaban los carruajes; el antiguo almacén de productos agrícolas; la antigua vivienda del portero (la cual tiene una escalera de caracol que comunica directamente con el establo); una cabina especial desde la cual el portero podía observar el exterior, y una escalera de uso exclusivo del personal de servicio que comunica la planta baja con el resto de plantas del edificio.






PLANTA NOBLE
Al acceder a la planta noble, el edificio toma las dimensiones de un palacio. Las estancias de la planta se distribuyen a cada lado del salón central, que tiene la altura del edificio.
1.     La antesala
2.     La sala de pasos perdidos
3.     Sala de visitas y el tocador de señoras
4.     Salón central
5.     La sala de confianza y la sala de la tribuna o de fumadores
6.     El comedor
7.     La sala de billar y el taller de escultura y pintura
8.     La terraza
9.     El corredor


ENTRESUELO (planta noble)
El entresuelo, situado entre la planta noble y la planta de dormitorios, es dónde encontramos la miranda o tribuna de los músicos, un espacio abierto al salón central, dónde se situaban los músicos cuando se celebraban conciertos. Antiguamente, en esta entreplanta, también se ubicaba la cocina principal del Palacio Güell (la cual disponía de un montaplatos, aún existente, que conectaba con la planta noble, donde está el comedor) y otras dependencias del servicio, como el cuarto de la mancha del órgano.







DORMITORIOS
En esta planta, de ámbito privado para la familia, se encuentran las estancias matrimoniales, los dormitorios de los hijos y la sala de baño. Toda la planta de organiza a partir de un deambulatorio, una galería con ventanas que dan al salón central.
1.     Sala de confianza
2.     El dormitorio de los hijos y el dormitorio de Isabel Güell
3.     El dormitorio de Isabel Güell
4.     Dormitorio de Eusebio Güell
5.     El ámbito del antiguo baño, las estancias sanitarias y la habitación azul




 EL DESVÁN
En el desván antiguamente se realizaban las tareas de la casa, había un lavadero y una cocina, también se incluían once dormitorios, destinados al personal del servicio.
1.     El espacio del desván

2.     La escalera de servicio

Durante nuestra visita en el desván se exhibia una muestra de la obra de Maria Lluïsa Güell, hija de Eusebio Güell.






LA AZOTEA
La azotea, uno de los espacios más mágicos del Palacio Güell, destaca por sus veinte chimeneas y por la aguja central, de 15 metros de altura. En la azotea del Palau Güell, Gaudí convirtió las tradicionales chimeneas en verdaderas esculturas, con bases, troncos y capiteles de formas insólitas. La azotea contiene un total de 20 chimeneas. Justo en el centro de todas ellas se encuentra la aguja, de 15 m de altura, que cubre la cúpula del salón central y que está revestida por una original piedra de reciclaje.
Foto de Montserrat Baldomá

EL ORGANO
Durante la visita, cada treinta minutos, los visitantes pueden escuchar una pieza musical interpretada por el órgano del Palau Güell mediante un sistema llamado Replay. Este sistema permite que el órgano solo reproduzca lo que un organista previamente ha registrado. Las teclas se accionan sin la presencia del organista. Este fondo musical que los acompaña intermitentemente durante la visita está relacionado con la época modernista de la construcción del Palau Güell y con la Barcelona del momento, fuertemente wagneriana. Precisamente Anselm Clavé fue el primero que hizo sentir en España la música del compositor alemán, interpretando algunos corazones de la ópera Tanhäuser. Barcelona vio nacer otros compositores modernistas como A. Nicolás, E. Morera, Ll. M. Millet que también forman parte del repertorio de la visita.
FACHADAS




Las fachadas principal y posterior del Palau Güell, realizadas con diversos materiales (piedra, hierro, madera y cerámica vidriada), esconden el interior suntuoso y espléndido del Palau Güell.
1.     La fachada principal
2.     La fachada posterior

      Fuente: Web Palau Güell
PLAÇA REIAL
La plaza Real de la ciudad de Barcelona (Plaça Reial en catalán) es una plaza pública de forma trapezoidal que colinda con La Rambla y está situada en el Barrio Gótico de la Ciudad. Fue obra del arquitecto Daniel Molina.
Ocupa el lugar donde se encontraba el convento capuchino de Santa Madrona, derribado en 1835.
Concebida como neoclasicista a mediados del siglo XIX sobre un tejido destruido de la ciudad, cuenta con la particularidad de que su ritmo clásico se subvierte, cambiando mínimamente los espacios entre pilastras, para dar la impresión de que la plaza es cuadrangular. El arquitecto también tuvo la sutileza de permitir la creación de pasajes para conectar las calles del tejido medieval que habían quedado cortadas por la plaza. 
Antoni Gaudí diseñó unas farolas para colocarlas en la plaza, donde destaca igualmente la Fuente de las Tres Gracias (1876), obra de Antoine Durenne.
Desde hace muchos años ha sido el enclave de gran número de cervecerías, bebida que se ve acompañada de fritangas y menús para guiris poco informados (gastronómicamente), pero sin lugar a dudas el marco, merece la pena una parada para reponer fuerzas.



En el número 17 de esta plaza encontramos una emblemática sala musical, Jamboree, un templo del Jazz, y justo al lado otro templo de la música, en este caso del flamenco; Los Tarantos, sala donde durante muchísimos años han actuado los mejores artistas del género, entre ellos la famosa Maruja Garrido, musa de Salvador Dalí, que casi toma Los Tarantos como su residencia, o los afamados Duquende, Miguel Poveda, Montse Cortés, Rafael Riqueni, Pepe Habichuela, Paco Cepero, Tomasito, Eva la Yerbabuena o Niña Pastori. Vicente Escudero, Antonio Gades, Maria Marquez, José de la Vega y la Tolea; los guitarristas Andrés Batista, Emilio de Diego, Pepe Pubill o Selva de Cádiz, y los cantantes Fosforito, Jarrito, El Peti, El Brujo o Pepe Cortés entre otros muchos.
Un restaurante único en Barcelona cuyo rótulo da fe de la antigüedad del local. Siguiendo el consejo escrito en la puerta “Estireu la porta” (tiren de la puerta), el cliente se encuentra con un amplio interior que evoca la época modernista, con grandes pinturas costumbristas en los salones.

Las paredes también están cubiertas de centenares de fotografías de famosos que han comido o cenado en el restaurante. Pero la historia del restaurante no se conserva solo gracias a estas fotografías y recuerdos, ya que si las paredes hablasen relatarían miles de anécdotas ocurridas a lo largo de los años.

Cuando Sisco Agut i Sussi Manubens empezaron a regentar Can Culleretes en 1958 estaba un poco dejado y hacían menús muy baratos y según ella “muy barato y muy bien no puede ser”. Había gente que les decía que les costaría remontar el negocio, pero Sisco no les escuchó. Con el tiempo consiguieron que el restaurante volviese a tener fama por aquello que le caracterizaba y que le sigue caracterizando hoy día “comer bien a buen precio”.
El secreto de permanencia de Can Culleretes es doble: por un lado, ha contribuido de manera decisiva el aire familiar del establecimiento; y, por el otro, el esfuerzo de tres generaciones de Agut-Manubens.
Cuando Sisco se hizo cargo, el oficio no le venía de nuevo, había trabajado durante años en Ca l’Agut de la calle Gignàs, el restaurante de su tío. Su mujer Sussi, y sus hijas, Montserrat y Alicia, les ayudaron desde el principio. Actualmente las dos hermanas son copropietarias del local, donde también trabajan los cinco nietos de Sisco y el marido de Alicia.
Fuente. Web Can Culleretes
“(…) Aquellas mesas eran alargadas y podían caber más o menos unos diez clientes. El camarero cada vez estaba más atareado, y cuando iba a cargar la bandeja y encontraba vacío el bote de alpaca plateada destinado a contener las cucharillas limpias, gritaba a las que fregaban: “Noies, culleretes!” (Chicas, ¡cucharillas!). Y esto se repetía y repetía. La cancioncilla acabó haciendo gracia, y acabó dando pie a la expresión popular: “Vamos a Can Culleretes”.
Lluis Permanyer, periodista.